La mayoría de los vehículos producidos desde mediados del año 2000 incorporan un sistema antirrobo denominado inmovilizador electrónico, este sistema tiene como función la autorización de arranque del vehículo una vez este, ha reconocido la llave con la que se está intentando arrancar el vehículo.

Cada fabricante incorpora un sistema de inmovilización propio, con su software y diferentes peculiaridades, pero en definitiva, el funcionamiento del sistema de inmovilización es común para todos ellos, dependiendo del vehículo, la llave de contacto envía una señal electrónica a una centralita especifica del sistema de inmovilizador mediante un “transponder” incorporado en la propia llave y una vez reconocida esta señal, este si pone en marcha y podemos iniciar nuestra ruta con total normalidad.

En el caso de una avería o mal funcionamiento del inmovilizador electrónico, es posible que el vehículo arranque durante unos segundos, para después apagarse mientras que en otros vehículos, es totalmente imposible arrancar el vehículo.

La solución a los problemas del sistema de Inmovilizador suelen estar asociadas a reparaciones relativamente caras, cambio de llaves y codificación de las mismas, cambio del cuadro de instrumentos, llegando en casos extremos al cambio de la centralita de motor (ECU).

¿EN QUE CONSISTE LA ANULACIÓN DEL INMOVILIZADOR?
Con la eliminación del sistema de inmovilizador conseguimos que la centralita de motor no verifique la señal del transponder de la llave, consiguiendo así, que el vehículo arranque en todas las ocasiones, incluso con un problema en el sistema.

La anulación del inmovilizador es aconsejable en determinadas situaciones, con el fin de evitar costosas reparaciones.

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